martes, 16 de enero de 2018

PULSO SINDICAL Nº 350 DEL 0I AL 15 DE ENERO DE 2018

Un abrazo afectuoso a todos los trabajadores, hombres y mujeres que siguen convencidos de que encontraremos el camino de la victoria.
La clase trabajadora es invencible. Solo debe reconocerse en si misma y actuar.
                                                                                             

SEGUNDA PARTE
SOLO CON ORGANIZACIÓN SE CONQUISTAN DERECHOS
Los trabajadores tenemos entonces 2 grandes desafíos.
*Reconocernos como parte integrante de una clase y entender que como tal tenemos deberes y derechos.
*Entender que tenemos un adversario que recibe como nombre empleador o patrón, quien por la vía de la presión psicología y/o física busca limitarnos, cuando no anularnos, utilizando para ello todos los instrumentos que la sociedad de clases le permite, instrumentos entre los que se cuentan las leyes laborales, la dependencia financiera, los medios de comunicación, la coerción.
El principal deber de los trabajadores es educarse. Solo conociendo su entorno pueden entender que deben cambiarlo. Es la educación lo que le permitirá ir conociendo sus derechos y le llevará a preguntarse como reclamarlos.
Con educación entenderá la diferencia entre el reclamo individual y el colectivo. Comprenderá que uniéndose a otros como el pueden generar una gran fuerza.
Se dará cuenta que ellos son lo más importante en la empresa o lugar donde trabaja.

No basta saber que llueve y que la lluvia cae de arriba hacia abajo. Hay que conocer qué es lo que provoca la generación de las nubes, que hace que estas sean acumuladoras de lluvia y porque la lluvia cae en un momento y no en otro.
Si conocemos todo el proceso podemos llegar incluso a resolver como le sacamos el mejor provecho a esa agua que cae.

Es la educación, el conocimiento, lo que llevará tarde o temprano a los abusados a reconocerse como tales y a buscar respuestas de cómo enfrentar esta adversidad, que es provocada por la voracidad del dueño del capital, a quien no le interesa el ser humano sino solo lo que produce. 
Tengamos presente lo siguiente. El trabajador no sabe o se resiste a entender  que es parte de una clase. Si no se le apoya, puede que alcance a intuirlo pero, al carecer de herramientas, no podrá llegar a concluir en cómo cambiar el estado de las cosas.
Será fácilmente neutralizado por su contraparte, que cuenta con miles de herramientas para hacerlo.
Quien debe entregar educación al trabajador es la organización. Y aunque han cambiado bastante las cosas desde que se construyeran los primeros instrumentos, seguimos creyendo que esa organización se llama Sindicato. Podrá ser de empresa, de interempresa, comunal, regional, por sector económico, no importa el nombre que tenga ni donde nazca, solo debe tener claramente definido su rol.
El sindicato es, entonces, un instrumento para educar a los trabajadores y ayudarlos a luchar por mejoras económicas y sociales. No obstante no podrá quedarse solo en eso.
Desde el Sindicato se aprenderá a conocer la sociedad en que vivimos, una sociedad de clases, razón más que suficiente para aspirar a cambiarla.
No hay que temer tomar posiciones en esta lucha, es una obligación hacerlo. Queremos un mundo distinto para los nuestros y eso no se construirá con dudas ni conciliaciones.

LAS PRIMERAS ORGANIZACIONES
Antes de que se determinara el concepto económico “fuerza de trabajo”, se explotaba por igual a hombres, mujeres y niños. La diferencia solo radicaba en las formas.
Claramente en la esclavitud y el feudalismo, los golpes e incluso la tortura para conseguir el objetivo, iban de la mano. Los privados de todo no tenían derecho siquiera a pensar, menos reclamar mejoras. Solo se les alimentaba y entregaba techo para que se reprodujeran. 
La respuesta fue la rebelión. El castigo que se infligía a los alzados era brutal, buscando sobretodo amedrentar a los que pensaran en algo similar a futuro.
En esos sistemas era poco probable la organización y sin embargo se daba. Ya impulsada por las carencias, ya impulsada por la necesidad de apoyo.
Las primeras agrupaciones de trabajadores tienen antigua data, fijándose como fechas probables, 2.000 o más años antes de la era cristiana, principalmente en Egipto y Mesopotamia, al inicio de la era cristiana en Roma.
Son las llamadas asociaciones o colegios. Se trata de agrupaciones por oficios, de carácter mutualista y cuyo objetivo era apoyar a quienes las integraban. Flautistas, curtidores, herreros, tintoreros, zapateros y otros oficios, que se entregaban a la protección de una divinidad y establecían ayudas en caso de enfermedad y muerte.
Hacia el siglo XI aparecen nuevas asociaciones en Alemania e Inglaterra, bajo el nombre de guildas. Las hay religiosas, sociales, de artesanos y de mercaderes. Su rasgo característico es la comunidad de esfuerzos y la estrecha alianza de los trabajadores entre sí.

Avanzó la producción de bienes y mercancías de manos de los artesanos. Comienza el desarrollo de los oficios y se instala una división jerárquica, maestros, oficiales y aprendices. Sin embargo los maestros se las ingenian para impedir el desarrollo de los oficiales y los aprendices. La organización se similar a los asociaciones y colegios antiguos, aunque se les conoce como corporaciones. En estas participan los maestros, quienes se asignan para si el funcionamiento de las mismas. Administran  los recursos, buscando mantener el carácter mutualista de sus orígenes.
Son los llamados oficiales, que con el tiempo adquieren el nombre de obreros, los que comienzan a darse una organización que va más allá de la acción mutual y demandan derechos, recurriendo algunas veces a la huelga. Los primeros derechos demandados por los oficiales organizados independientemente, guardan relación con la jornada de trabajo y los salarios a cobrar por el trabajo realizado.

Con el inicio de la revolución industrial entra en caída el trabajo del artesano y con ello en crisis su forma de organización. Aparece una nueva estructura organizativa, los gremios.
Se trata de organizaciones bastante secretas en sus inicios, de las que son excluidos los maestros o patronos. Crean cajas de socorros mutuos y se preocupan de conseguir empleo a sus asociados.
La construcción de maquinarias y de grandes galpones para guardarlas, hizo crecer enormemente la cantidad de trabajadores, quienes viven en condiciones miserables.
Es eso lo que motiva la organización y el planteamiento de demandas a los patrones.
Por lo mismo y hasta más o menos el año 1800 existe prohibición a la asociación obrera, por lo que el funcionamiento de las organizaciones que iban naciendo es ilegal.
Comenzó en Inglaterra, siguió en Francia, cruzó a Alemania y luego por toda Europa.
Una nueva forma de organización se desarrolla y sus gestores son el proletariado naciente.

DE MENOR A MAYOR LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES AVANZA
Los dueños del capital y los Estados se dieron cuenta de que la prohibición a la organización no se sostenía y comenzaron a entregar pequeños espacios, partiendo por derogar las leyes que impedían dicha organización.
Los trabajadores superaron las limitaciones de la organización mutual. No servía pensar solo en ayuda por enfermedad o muerte, había que enfrentar al capital que era el responsable de tales males. Según los grados de avance de la revolución industrial fueron surgiendo los instrumentos que buscaban poner freno al abuso.
Asociaciones de socorros mutuos y en resistencia, asociaciones y federaciones por oficio e industrias, cámaras sindicales, bolsas de trabajo y otras, hasta llegar a grandes organizaciones por rama y la agrupación de las mismas en una sola organización.
De la ayuda mutua a la organización con demandas de mejorar las condiciones en que se trabaja. Avances y retrocesos, pero todo unido por las cuestiones de fondo.
El proletariado naciente aspira a conseguir condiciones dignas de trabajo.
Jornada de 8 horas, protección por enfermedad y defunción, terminar con el trabajo de los niños, vivienda y condiciones de salubridad adecuadas, entre otras.
Para todos es claro que la única manera de terminar con la explotación es la organización, ya no solo nacional, debe también cubrir otros países. Y logran crear los instrumentos.

La voracidad del capital hace que sean muchos los intelectuales que apoyen las demandas de los trabajadores y promuevan, según sus visiones, los caminos y los instrumentos para terminar con el abuso del capital, siendo las ideas imperantes  las socialistas.
Muchas veces no hay acuerdos entre las distintas instancias e instrumentos de trabajadores que se construyen. Hay fuertes discusiones, quiebres e incluso expulsiones.
Cabe hacer notar que hasta ese momento el problema está más por quien encabeza y en qué condiciones las luchas que hay que dar, que en si se debe acabar o no con el capitalismo.
Es casi unánime el rechazo al capital y su secuela de daños y sin embargo las distintas organizaciones no logran ponerse de acuerdo en un camino e instrumentos, sino únicos, al menos coincidentes. Aun así, hay un gran momento que levanta las fuerzas sindicales y las hace cuestionar con mucha más fuerza a los gobiernos e incluso lograr de estos concesiones impensadas.
Ese gran momento es la lucha por la jornada de 8 horas que culmina en una primera etapa en 1886.
Es tal el avance en las fuerza obreras, que se reactiva la organización internacional y se instituye el Día Internacional de los Trabajadores y algunas décadas después el Día Internacional de la Mujer.   
No obstante, es el tiempo en que las organizaciones sindicales comienzan a depender de las decisiones que toman partidos políticos y en cierta forma se transforman en apéndices de los mismos. Todo esto culminará lamentablemente en la constitución de organizaciones internacionales según las orientaciones políticas y/o religiosas.


Mientras los trabajadores y sus organizaciones no logran ponerse de acuerdo y frenan  su avance, los gobiernos si lo hacen. Comienza a reflejar su preocupación bajo el rótulo de “la cuestión social” y promueven las primeras normas sobre seguridad social en el trabajo, que aparecen en Alemania en 1883 y desde 1890 se extienden hacia otros países de Europa


CONTINUA EN EL PROXIMO PULSO SINDICAL


MANUEL AHUMADA LILLO 

Pressidente C.G.T CHILE 

lunes, 1 de enero de 2018

PULSO SINDICAL Nº 349 DEL I6 AL 31 DE DICIEMBRE DE 2017

PULSO SINDICAL Nº 349 DEL I6 AL 31 DE DICIEMBRE DE 2017

Esta quincena está marcada por la lucha heroica que dieron hace 110 años los trabajadores en Santa María de Iquique. Momento suficiente para sacar lecciones y decidirnos a buscar las respuestas, que permitan a la clase trabajadora jugar su rol liberador.
Por eso entregaremos a contra de este Pulso un trabajo por etapas relacionado con lo que llamamos “sindicalismo clasista”

POR UNA ORGANIZACIÓN CLASISTA DE TRABAJADORES
Según  diversas definiciones el sindicalismo es “un sistema que se ocupa de representar y velar por intereses de los trabajadores frente a los empleadores”, estableciendo además que ”el sindicato es “la entidad a través de la cual hace efectiva su labor”.                                                          https://www.definicionabc.com/social/sindicalismo.php

En palabras nuestras, el sindicalismo es la acción de defensa ante los abusos y el sindicato  el instrumento con el que los trabajadores  representan, ante la patronal, sus demandas y aspiraciones.

A su vez el concepto clase obrera, clase trabajadora o proletariado “designa al conjunto de trabajadores que, desde la revolución industrial, aportan básicamente el factor trabajo en la producción y a cambio reciben un salario o contraprestación económica, sin ser propietarios individuales de los medios de producción.
Se contrapone así a la clase capitalista o aquel sector social que acapara el capital                                                 https://es.wikipedia.org/wiki/Clase_obrera

De la misma manera que en la primera definición, podemos decir que la clase trabajadora es aquella que sin ser propietaria de las empresas y de los que estas tienen, trabaja para ellas y recibe una compensación económica que regularmente no guarda relación con todo el esfuerzo que hace el trabajador.

EL SINDICALISMO, LOS SINDICALISTAS DE CLASE
¿Porque comenzar con estas definiciones, tomadas desde el internet y que por lo mismo son de uso común, tanto para los trabajadores como para sus familias?
Simplemente como una forma de atacar desde la raíz los miedos y los temores que expresan muchos trabajadores, cuando se llega a ellos con un discurso de “sindicalismo clasista”.
No se trata del invento de “algunos izquierdistas extremos” como suelen decir quienes temen a toda posición clara y concreta de los abusados en sus derechos.
Tampoco de un discurso trasnochado sobre cosas que ya no existen. Se trata simplemente de la verdad, una  verdad incómoda para muchos, pero absolutamente vigente.
El Sindicato o la organización que reúne a los trabajadores en torno a sus aspiraciones más sentidas, debe ser siempre un instrumento de defensa y de propuestas.
Defender los derechos de los trabajadores es más que un deber, es una obligación que tiene que hacer suya cada dirigente. Y no se trata solo de defender aquellas leyes que existen - que si han llegado a ser leyes, y aunque algunas apenas ayudan, es porque hubo trabajadores organizados exigiendo respuestas – sino también de hacer propuestas que dignifiquen la condición de los asalariados y de sus familias.
Esa y no otra es la obligación de la organización, de sus dirigentes y de sus asociados.
Ser clasista, entonces, es asumir con propiedad en qué lugar de la cancha se está jugando. Entender que no todo se solucionará con modificaciones legales o algunos beneficios en los instrumentos colectivos. Es saberse parte de un sector social que ha sido discriminado históricamente. Es entender que a nosotros nos corresponde construir una nueva sociedad, en la que nuestras familias puedan vivir dignamente.
Ser clasista es sentirse orgulloso de estar en el lado de la clase de los trabajadores. Es asumir que nuestro adversario es el capital y que a este no se le derrota solo con palabras, que es fundamental la organización. Esto y más es ser un sindicalista de clase.


EL ORIGEN DE LO QUE VIVIMOS HOY
Como explicarlo sin enredar en exceso a quienes se resisten o no alcanzan a conocer sobre los orígenes de sus sufrimientos? Vamos a intentarlo.
En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a construirse las primeras máquinas para la industria textil. La utilización del agua y el carbón para nuevos fines provocó grandes cambios, los que se extendieron a otras áreas de la industria. Se construyeron vías férreas, carreteras. Comenzó la producción en serie de artículos de todo tipo.
Así avanzó por toda Europa la revolución industrial.
Fue relegado a puestos secundarios el artesanado. Millones de seres humanos comenzaron a migrar desde el campo a la ciudad, las que comenzaron a crecer rápida y desmesuradamente. Muchos de los que llegaba a estas no tenían donde vivir. Fueron atacados por pestes y enfermedades varias, ante la carencia de mínimas de normas de higiene. Los obreros recibían salarios miserables por largas jornadas de trabajo, debiendo emplear a mujeres e hijos para alcanzar algún sustento para la familia.
Apenas lograban sobrevivir.
Habían nacido los patrones y los proletarios, como antes existieran el señor y el siervo, el esclavo y el amo. 3 etapas de la historia de la humanidad que están marcadas por un patrón común.
En cada una de ellas, abusos, explotación, carencias, dolores para los abusados.

Sin embargo, con la instalación del capitalismo el ser humano adquiere otra condición. Ahora es libre de vender su “fuerza de trabajo”. Nadie lo obliga a prestar servicios a un patrón y sin embargo el maltrato está igual o peor que en su condición anterior de siervo y esclavo. Cambió la condición, más no la forma de vivir de millones.
Con la instalación de las maquinas, la irrupción del capital y la aparición del patrón, el hombre es libre de vender algo que posee - la capacidad de pensar y actuar con su cuerpo - sin embargo sigue siendo maltratado.
Pausa necesaria entonces para explicar que no es un invento de disociadores la afirmación de que existe explotación, que no es una fantasía decir que existen clases sociales.
Es una verdad indesmentible que los menos son dueños de la mayor cantidad de bienes y recursos económicos, en desmedro de los más.
Cierto es que esto comienza a mediados del 1700 y que las condiciones en que vivían los trabajadores y su grupo familiar hoy se ven lejanas, como un mal sueño.
Sin embargo no podemos olvidar ni por un momento que, si hubo avances, fue producto de las luchas que dieron los mismos trabajadores.
Viviendas dignas, jornadas de trabajo adecuadas, sueldos mensuales, alcantarillado y agua potable, electricidad, eran las exigencias del proletariado naciente.
Nada les ha sido dado a los trabajadores y sus familias. Si lograron lo que lograron fue por que pudieron constatar que estaban siendo explotados y encontraron la respuesta para responder a ello. Se reconocieron clase y se organizaron para confrontar a su contraparte.

¿Queda claro por qué decimos que somos parte de una clase?
¿Se entiende nuestra afirmación de que los trabajadores deben darse una organización que, considerando lo que sufren y viven, sea capaz de hacer propuestas y luchar por ellas, sin renunciarlas ni acomodarlas a los gobiernos de turno?

LA FUERZA DE TRABAJO
Previo a seguir vale la pena analizar este concepto, ya que en la medida que el trabajador lo maneja aprende a mirar de manera diferente el mundo en el que vive.
“Según Marx, la fuerza de trabajo es la capacidad de trabajo del trabajador, empleada en el proceso de trabajo que, junto con la materia objeto de transformación y los medios de producción, forma parte de las llamadas "fuerzas productivas". La fuerza de trabajo debe distinguirse de su rendimiento, materializado en el objeto de la producción, al que se denomina "trabajo realizado". 
En el trabajo realizado hay "algo más" que en la simple fuerza de trabajo (que es lo que se retribuye): hay una plusvalía (que crea el trabajador con su fuerza de trabajo, pero que se apropia el capitalista). "La fuerza de trabajo añade constantemente al producto, sobre su propio valor, una plusvalía que es la encarnación del trabajo no retribuido" (El capital, t. 11, cap. VI.).”                                                         www.webdianoia.com/glosario/display.


En tiempos de la esclavitud y del feudalismo el hombre no era libre. Él y su capacidad de trabajar le pertenecían a un dueño, quien disponía para sí de todo lo que el hombre hiciera. Cuando vino la revolución industrial el capitalista necesito del obrero para hacer funcionar las maquinas, pero no lo podía obligar, como en tiempos anteriores.
En el capitalismo el trabajador es dueño de su inteligencia y de su fuerza física (es lo que llaman fuerza de trabajo)  y viene en suscribir un acuerdo con el dueño del capital para venderle fuerza de trabajo.
Lo que el patrón paga por esa fuerza es lo que le permite al dueño de la misma (el trabajador) alimentarse y reproducirse.
El producto que genera la fuerza de trabajo del hombre se llama mercancía y tiene un precio mayor que lo que se paga por la fuerza de trabajo.
La diferencia entre una y otra es la ganancia, de la que se apropia el patrón.

HAY CAMBIOS PERO TODO SIGUE CASI  IGUAL

Ciertamente mejoraron las condiciones, el abuso en estos tiempos es menos visible pero no por ello dejó de existir. Simplemente está mejor disfrazada la explotación.
Ya ni siquiera se llama trabajadores a los proletarios, se les dice colaboradores, integrantes de una gran familia. Y sin embargo sigue siendo evidente que del resultado del proceso de trabajo, solo el patrón disfruta.
Es el patrón quien se apropia de toda la ganancia (también llamada plusvalía), mientras el trabajador debe vivir endeudándose, tomando créditos para satisfacer sus necesidades y las de su grupo familiar. ¿Cuál es entonces la diferencia entre lo que se vivía en los primeros decenios de la revolución industrial y ahora? 

En el siglo XXI los trabajadores están menos conscientes del rol que cumplen en la sociedad. Han perdido la capacidad de luchar por lo que les pertenece, parecen desconocer hasta sus derechos básicos como disfrutar de las ganancias generadas con su trabajo, vivienda, salud y educación para sus hijos, un medio ambiente sano y un sinfín  de otras necesidades.
Es momento de romper esta inercia malsana. El trabajador debe luchar por lo que merece y para ello requiere de organización. Organización de clase.
Organizarse para luchar por lo que se necesita no es un delito. Es un deber irrenunciable.


CONTINUA EN EL PRÓXIMO PULSO SINDICAL

MANUEL AHUMADA LILLO 
Presidente C.G.T CHILE